sábado, 15 de agosto de 2009

Abogado del diablo

Le despaché al diablo un boleto hacia el puerto. Es cierto, fui yo mismo quien lo dejó en el anden para que abordara el tren de las 3:30. En el combo vacacional se incluía un parapente.

Regresó dos semanas después el diablo, con un bronceado del demonio, pero bien chiva. Estaba molesto y me acusó de estafador.

De nada sirvió el argumento del 'ladrón que roba a ladrón', pues se lo tomó a pecho y fue él quien me estafó a fin de conseguir los cien años de perdón.

Explicó, esa noche entre tragos de whisky en las rocas, que desde hace siglos se dedica a robar y estafar a ladrones y estafadores. De cada caso va descontando 100 años de la pena que dios le impuso por su insurrección. La revolución acabó y el diablo solo desea reclamar su lado a la derecha del señor. Le faltan unos dos trillones de años pero algo incentiva al diablo y es la sobrepoblación terrestre de embaucadores. Además, en una negociación reciente consiguió acordar que se le concedan 150 años por cada Gerente General o CEO que logre estafar. Claro que eso no va bien, porque desde que inició a jugar en las grandes ligas el diablo en lugar de ganar años de perdón va acumulado deudas, acciones infladas y entre 389 y 413 tarjetas de crédito.

Respecto a mi, mi castigo fue fungir de abogado del diablo en cualquiera de sus manifestaciones y me especializó en derecho masculino. Por aquello de que requieran de mis servicios, tengo un título que me permite justificar infidelidades, malacrianzas, mamitis y hasta indiferencias. Para aquellos varones culpables de algunos delitos más severos como maltratos, violaciones y cualquier otro tipo de violencia contra las mujeres, les puedo dar el número de un buen verdugo quien sin mucho costo les pegará un tiro para acabar con su malparida vida.

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