Tengo ganas de leer cartas pasadas. O escribirle cartas a alguien del pasado. Contarle como casi nada a nada ha cambiado en mi vida y que a veces me siento orgulloso de eso y a veces me siento ofuscado. Que mi cabeza sigue sin orden por más que pienso que se ha acomodado. Acumulo calma por montones que luego desperdicio en un instante. Que aún no me atrevo a curar esa misma raspada en la pintura. Que por un momento me creí "grande" y que en una noche me volví a ser pequeño. Que el comejen en el techo de mi cama hace un ruido espantoso y me aterra pensar que puede ser una señal de una decadencia recién iniciada en el momento justo de su partida. Puede que darle permiso de apartarse no haya sido una buena idea. Aunque aún vaga la posibilidad de que fuera lo mejor que se podía.
Podría contarle que aún detesto tomar decisiones y que he decidido dejar de hacerme caso cuando se trata de decidir. Pero se me hace este colocho porque no sé si debería o no decidir.
No he decidido si es cobardía o valentía el sinónimo más adecuado para agregarle a esto entre vos y yo, o en realidad es un 'no es nada'.