jueves, 25 de septiembre de 2008

ÓLEO


Volver a lo perdido y encontrar las causas de lo encontrado. Las mentiras de pasados mejores.

El visor para observar lo que fuiste tiene un color rosa, como un vaho tierno entre las piernas. Un color engañoso.

Porque las mentiras existen hasta dentro de mi cabeza.

Recuerdos de sonrisas, que recibo con nostalgia y un pase de sombrero.

La pierna que se cruza, o el olvido que dobla la esquina.

Es solo un pensamiento, pero cada noche, al albor de la madrugada, cuando la luna ya no ilumina mi sentir, el hado siempre me lleva al sur, entre tus orgasmos y mis pasiones irreprimibles.

Son tantas las mentiras, que una de esas borracheras me atreví a decir te amaba.

Luego me metí no se qué, ni se por dónde, y me arrepentí de mis fallos.

ILUSO.

Pero son mentiras.

Fue tu culpa y no, no me arrepiento. NUNCA…



Óleo de mujer con sombrero

(Silvio Rodríguez)

Una mujer se ha perdido

conocer el delirio y el polvo,

se ha perdido esta bella locura,

su breve cintura

debajo de mí.

Se ha perdido mi forma de amar,

se ha perdido mi huella en su mar.

Veo una luz que vacila

y promete dejarnos a oscuras.

Veo un perro ladrando a la luna

con otra figura

que recuerda a mí.

Veo más: veo que no me halló.

Veo más: veo que se perdió.

La cobardía es asunto

de los hombres, no de los amantes.

Los amores cobardes no llegan a amores,

ni a historias,

se quedan allí.

Ni el recuerdo los puede salvar,

ni el mejor orador conjugar.

Una mujer innombrable

huye como una gaviota

y yo rápido seco mis botas,

blasfemo una nota

y apago el reloj.

Que me tenga cuidado el amor,

que le puedo cantar su canción.

Una mujer con sombrero,

como un cuadro del viejo Chagall,

corrompiéndose al centro del miedo

y yo, que no soy bueno,

me puse a llorar.

Pero entonces lloraba por mí,

y ahora lloro por verla morir.

(1970)


lunes, 22 de septiembre de 2008

Blues


Quiero escribir azul. Algo sonoro.
Algo anormal que se salga de la cúpula.
La magia de un sueño y el viaje a tu cueva de listones y corcheas.
El reencuentro de lo perdido en miles de maravillas viajantes de las niñas de tus ojos, que no. Lamentablemente no son azules.
Y ojo, que no es del color azul del que hablo.
Solo que quiero escribir algo azul.
Como así, como un sabor o un dolor. Es como un beso pero no es así. Es, es...
Es simplemente que a mi vida hoy en la tarde, a las 5:31 p.m. que son ya, le hace falta ver la ventana y encontrarse un poco de azul.
Quiero azul, y si puedo, regalarte algo de azul.
No del color sino del azul que habita en mi cabeza.
AZUL
"Bueno".

viernes, 5 de septiembre de 2008

Obituarista


No sé si el termino existe. Hay una nueva profesión a la que podría decirse que yo podría llegar a aspirar. Esa es la de obituarista.

¿Por qué?
Es fácil. Hablar de los muertos, pues siempre se habla bien. Va usted a titular "Viejo tacaño", "Demócrata engañado", pues no. Solo bien se puede hablar. Tampoco se pude escribir de lo poco, no se puede decir que frío ni que tibio. No se pude decir así por así "Futbolista mediocre", mejor se dice "Amante del futbol", y en lugar de resaltar su poco talento, se dice, así por ejemplo, que "Apasionado inquebrantable", o "Nunca se rindió". Cosas así. De los muertos solo bueno. Un trabajador incansable es un trabajador incansable. No un tipo poco socializador.
Nada de eso. Que muerto no es malo. Es el trato entre los vivos y los muertos. Nosotros, los vivos, les perdonamos sus pecados y reímos de sus faltas. Ellos los muertos ni palabra. Así por así, asunto arreglado. Un acuerdo de yo te doy y tu no devuelves. No hay nada de más mal gusto que un muerto que se devuelve, y peor si es para discutir. "Que es mentira, yo no fui tan malo como vivo. Robé y pegué a los perros, pero no te fijes en eso, solo recuerda lo bueno", algo así diría el susodicho muerto.
Además los obituarios tienen un yo no sé qué. Una magia particular. Talvez se cifra en el hecho de que el muerto no puede reclamar que le gustó o no le gustó lo que se dijo. Sobre todo, nunca se ha visto a un muerto entablar una demanda legal por que no le parece lo que se publicó a su nombre en el obituario.

¿Por qué soy bueno?
Mi cabeza ya creo por adelantado mi obituario, el de mi familia y el de mis conocidos. Pues así es. Leyendas de muertos que cargan a mi espaldas...