viernes, 5 de septiembre de 2008

Obituarista


No sé si el termino existe. Hay una nueva profesión a la que podría decirse que yo podría llegar a aspirar. Esa es la de obituarista.

¿Por qué?
Es fácil. Hablar de los muertos, pues siempre se habla bien. Va usted a titular "Viejo tacaño", "Demócrata engañado", pues no. Solo bien se puede hablar. Tampoco se pude escribir de lo poco, no se puede decir que frío ni que tibio. No se pude decir así por así "Futbolista mediocre", mejor se dice "Amante del futbol", y en lugar de resaltar su poco talento, se dice, así por ejemplo, que "Apasionado inquebrantable", o "Nunca se rindió". Cosas así. De los muertos solo bueno. Un trabajador incansable es un trabajador incansable. No un tipo poco socializador.
Nada de eso. Que muerto no es malo. Es el trato entre los vivos y los muertos. Nosotros, los vivos, les perdonamos sus pecados y reímos de sus faltas. Ellos los muertos ni palabra. Así por así, asunto arreglado. Un acuerdo de yo te doy y tu no devuelves. No hay nada de más mal gusto que un muerto que se devuelve, y peor si es para discutir. "Que es mentira, yo no fui tan malo como vivo. Robé y pegué a los perros, pero no te fijes en eso, solo recuerda lo bueno", algo así diría el susodicho muerto.
Además los obituarios tienen un yo no sé qué. Una magia particular. Talvez se cifra en el hecho de que el muerto no puede reclamar que le gustó o no le gustó lo que se dijo. Sobre todo, nunca se ha visto a un muerto entablar una demanda legal por que no le parece lo que se publicó a su nombre en el obituario.

¿Por qué soy bueno?
Mi cabeza ya creo por adelantado mi obituario, el de mi familia y el de mis conocidos. Pues así es. Leyendas de muertos que cargan a mi espaldas...

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