domingo, 17 de enero de 2010

Mmemorias taciturnas

Hizo un hueco en la pared para introducir un gancho del cual colgó un trozo largo de cuerda. Cada noche, cuando no llovía y no tenía nada ni nadie mejor para hacer, se iba a pasear por los barrios de la periferia a robarse todo tipo de objetos, en su mayoría adornos absurdos de jardín. Meticulosamente les perforaba un costado y armaba un collar gigante. A los dos años ya atesoraba una colección respetable de memorias colgantes y la soga tuvo que ser varias veces ampliada a fin de soportar más y más viajes furtivos.

Las noches se convirtieron en madrugadas y las ocasiones pasaron de pocas a muchas. El mal clima se comprobó impotente para detenerle. Ya dejaba amigos y amigas atrás con tal de no desperdiciar una oportunidad de escaparse. Los días los pasa aburrido, taciturno, esperando una la luna que le infunda más ganas de irse a las andadas. El collar da tres vueltas ya a la habitación.

Una vez tres fueron las chuncherías que se robó y no pudo decidir cuál colgar. Botó las tres y se prometió mantener la línea de adjuntar un recuerdo a la vez.

Las explicaciones siempre variaban pero nunca cuenta a nadie porque esas porquerías cuelgan de sus paredes. Solo excusas da al mundo ordinario al tiempo que se va sintiendo más ajeno a las efimerías del diario vivir.

domingo, 10 de enero de 2010

Infinitos/adversos


Miedo a la cobardía en el chocolatesco país de donde nací. Terror al calor efímero y la lluvia quien, al estilo Calufa, cae como agujas que congelan los huesos más armados. Crisis en el ordenador y el televisor que no para de cantar. Oscuridad en la casa y luminarias de fuegos artificiales en las retinas. Esperanzas postergadas a punta de sueños ensalzados y resuena resuena la tendida. Mentiras de la derecha por discursos sordos en la acera del frente. Revoltejos en los consquimiellos. Todos ya no somos porque las verdades se las devoró el azuzador. Bebedores que no andan confesados y calamitosos que no corren por no tener nada que cargar. Infinitivos todos, somos todos infinitivos, nada más que infinitivos se acomodan en el horizonte para verse desplomar.

miércoles, 6 de enero de 2010

plode

no es que nadie escuche, es que nadie pregunta, y lo peor es que ni yo pregunto ya.
mi cabeza no se volvió muda es que yo deje de escucharla, por temor quiza y es que quiza lo único que grita son miedos. se volvió una cobarde mi cabeza o me volví un cobarde yo. me he dejado robar y ahogar y mis latidos brincan y se revientan por cada nada de nada a nada. el silencio se ha vuelto tan insoportable y los celos se arrebatan además de las ganas de vengarme o gritarles, pero soy un cobarde ya y solo me cayo y recito. espero y no digo más, vivo mi vida e intento olvidar, misión nada difícil. serán los años y los lustros, las décadas las que den su veredicto.