miércoles, 3 de diciembre de 2008

El subibaja

Dice que ya no sabe como se siente. Pasa el día inventado formulas alquimistas para la restauración del ser interno.
Que si deja de pensar en aquello y se concentra en lo otro, mejor y con un grado de desviación hacia la adaptación de una verdad y algunas mentiras con la mayoritaria suma de alguna sonrisa, tal vez un abrazo y luego los ojos brillantes.
Pero no funciona, porque controlar el pensamiento no es una de sus virtudes. Entonces se pierde y se sienta con la mirada perdida en el horizonte, a que la brisa del mes le choque en las niñas de los ojos para simular que las lágrimas provienen del exterior y no de la depresión.
Un trago de cerveza, tantos jalones de cigarro, alguna copa de vino y mucho y muchos tragos de whisky, no ayuda. entonces se dedica al ejercicio y por una hora no piensa más que en como evitar ahogarse, así que olvida por un instante como esta el mundo. Pero acaba y tiene que caminar regreso a casa, en un trayecto lleno de memorias que hace que se le vuelvan a pegar todas las malas sañas que le acompañan desde hace semanas.
Rodea el tema, lo esquiva, lo ataca por detrás, lo laza y lo ata. Le cae encima y lo marca con un sello, pero aún es incapaz de redescubrir la verdad.
Así que se sienta en la mesa de la esquina, escribe un par de poemas y mira a la mesera con ojos de niño lindo, le sonríe a la muchacha que se sienta junto a él, luego paga el café y apaga el cigarro. Se dispone a huir y corre hasta llegar a la puerta de la esquina. No contempla más que un hondo y vacío hueco que se escapa por el color azul de su ventana.
Finalmente piensa que no es nada y que mañana o el otro año estará mejor. Intenta sonreír y dice que esta bien cuando alguien le pregunta sobre su estado de ánimo por el messenger. Pero suerte no, suerte no tiene definitivamente.

1 comentario:

Anónimo dijo...

me identifico bastante, es bueno saber que no solo uno enfrenta eso del "subibaja"...