jueves, 2 de julio de 2009

Soy un inventario (creo)

Siempre supe que iba a volver. Por eso fue que este blog no ejecutó el suicidio.
La verdad me hacía falta esa franquesa falsa del blog y puede que nunca abandone este vicio --o algún otro-- en mi vida.

Lo que me trae de vuelta es las ganas de contar que quiero vivir vidas ajenas. Esta idea mía de irme a vivir un tiempo en otro mundo es solo por esa necedad de saber al más mínimo detalle como se vive si no se es J.

Pero más preocupante es que a falta de posibilidades materiales de conseguirlo, creo que ya empecé a "ajenizar" mi propia vida.

El pasado día me senté a pensar y recordar historias de mi vida. Lo curioso es que estas historias, por más recientes que fueran como el cuento de la golpiza, ya no eran recuerdos míos sino recuerdos fabricados. Algo como esos recuerdos que uno siente no son suyos, aquellos de la infancia que parecen más como una película que los padres y familiares armaron en nuestra cabeza.

Realmente no recuerdo haber perdido el habla por el trauma, pero tengo en mi mente la imagen de un chiquito gordo y mudo que llora en la ventana viendo los perros pasar. Esto porque en mis regresiones de infancia siempre hay perros presentes de alguna u otra forma (en un recuerdo es un perro quien me habla en lugar de mi papá, por decir algo).

Creo que esa es una forma de sobrevivir a los golpes, viéndolos como se ven las películas de acción.

He aquí lo peligroso: en esas películas el guión puede cambiar. A todos, lo más seguro, nos ha pasado que nuestra madre nos corrige en algún recuerdo y entonces éste tiende a cambiar para ajustarse a la más precisa versión materna.

Pues es un truco que uno puede aprender, cambiarse el guión. Ahora que: ¿quienes somos si nos lo inventamos?


Nota del editor: la palabra franqueza en el segundo párrafo está deliberadamente malescrita. (Mal escrita también lo está).

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