

Esa niña tiene en el patio un duende con disfraz de monstruo. La cosa más tierna de la montaña habita en una madriguera que un pequeñín conejo dejo tras su paso por la vida de una infancia.
El duende, no el conejo, usa garras de plástico parecidas a las de wolverine, colmillos de plástico tipo drácula y una de sus orejas esta algo descocida y cae sobre su cabeza como un péndulo. Como es de esperarse, es chiquitillo, panzón y muy cabezón.
Ese traje es café, de peluche barato. Ni arrugado ni suave ni muy peludo ni despeluzado, solo peluche barato y ajado. En la nalga derecha un parche en forma de pato hace de remiendo para un hueco que un pájaro picotón le ocasionó. Siempre esta sucio, pero no huele mal. En la piel lleva clavada la fragancia de tierra mojada y café negro.
El duende quedó atrapado en el patio de la niña hace años cuando apenas era un duendecillo bebe. Aunque no ha crecido mucho, ya tanto tiempo ha pasado que el deseo de volver a su hogar se esfumó al tiempo que su corazón se volvía más y más curioso por la pequeña moraviana y surgió una amistad furtiva en la medida que el "monstrico" se colaba por debajo de las cobijas las noches alisias.
Se disfraza por miedo. Para asustar a los cazadores y los cabezones, finge ser un monstruo.
2 comentarios:
es que los monstruos no existen en los patios de las niñas hermosas y si aparece uno, el influjo cercano de Tibi cambiaría su esencia para siempre, aunque conserve algo de su apariencia terrible, que al afecto de la mirada de ella, terminaría volviendo simpáticas y hasta adorables sus garras
Raúl
gracias raúl
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